miércoles, 3 de marzo de 2010

Capitulo 3- Nuevo invitado

Él se quedo en la entrada colgando mi abrigo y yo le tendí una botella de agua mientras salía disparada hacia el salón y la habitación, tenia el salón patas arriba y la habitación … mejor no decir nada, con los exámenes había estado demasiado ocupada como para preocuparme por un poco de polvo o de una mesa llena de apuntes desbordantes, me centre en lo que mas podía… ser vergonzoso, había estado lloviendo y tenia ropa interior secando en las sillas, sobretodo un par de sujetadores y alguna camiseta y sudadera, eso me daba igual, salí hacia la habitación y tire todo dentro del cajón.

-Ya puedes pasar, perdón por el desorden, lo colocare todo en un segundo.-dije mientras iba hacia la cocina y le veía sentado en la mesa con un par de galletas en la boca, me eche a reír, tenia la cara llena de migas las mejillas y se las quite, él se quedo sorprendido de aquel gesto tan simple pero siempre lo hacia con mis primos pequeños.

Este trago rápidamente y me miro mientras colocaba la mesa de la cocina.

-No te preocupes.-dijo mientras cogía las servilletas y las colocaba.

-Voy a llamar ya al Telepizza, ¿Quieres que te enseñe la casa mientras las pido?-dije mientras cogía el fijo y miraba la propaganda de números de comida a domicilio, menos mal que por mucho que comiera cosas así no engordaba, sino en épocas como esta estaría como una foca.

-Vale.-dijo mientras se ponía delante de mí.

-Bien pues… la cocina- y me miro con una ceja arqueada mientras sonreía.- el salón, el cuarto de baño, la habitación de mis padres, la mía, el otro baño, este tiene bañera y el otro ducha, la habitación de mi hermano y la de invitados.- entre en la de mi hermano, cuando era pequeña siempre olía a él y su colonia, pero hace ya años que aquel olor se perdió junto con la seguridad que siempre me había triado aquel lugar.

-Este será tu cuarto hasta que venga tu primo, las sabanas están mas que limpias.-dije mientras recordaba las ultima vez que se quedo mi hermano y que yo las cambie.

-Ropa en el armario, toallas en la segunda balda y ropa interior quinta planta.-dije mientras imitaba a las azafatas que había en los ascensores, él se acercó sonriendo a la cama y se tumbó en esta, parecía cansado.

-Si quieres hasta que venga el de las pizzas tardara un buen rato, así que te puedes bañar, te ayudara a perder el frio de la calle, lo siento pero la ropa de mi hermano te quedara un poco grande, aunque era de cuando tenia los quince o cosa así.-dije y le saque una toalla y un pantalón de algodón de pijama y una camiseta de manga corta, en casa fuera el día de invierno que fuese siempre hacia calor.

-Vale-dijo mientras cogía la ropa y se dirigía hacia el baño.

-si quieres algo pega un grito o llámame.-dije mientras le veía entrar.

-¿Sara?-dijo inseguro

-¿si?-parecía algo acongojado, ¿Por qué?

-Gracias por todo, de verdad-. Y al instante cerro la puerta.

‘’de nada’’ susurre en voz baja y me quede de pie observando la puerta, aquel niño… era una sensación extraña pero era como si él ahora fuese mi hermano. El hermano pequeño que nunca tuve.

Me dedique a recoger el salón y a pasar un poco el plumero por mi habitación y la suya, nunca pensé que pudiera limpiar tan rápido como lo estaba haciendo ahora.

El timbre sonó y me asuste sin saber por que, salí corriendo hacia la puerta y cogí la cartera, page y puse las pizas en la mesa de la cocina y empecé a partirlas.

Ya estaba todo, fui hacia el baño, y toque un par de veces en la puerta, el chico… Guillermo me abrió y pase, le eche una mirada por encima, la camiseta no le estaba demasiado grande, pero el pantalón estaba largo y se le caía, el pelo le tenia mojado y todo el baño olía a mi champú de con olor a orquídea y lilas, me encantaba.

-¿Mejor?-dije mientras le miraba andar con garbo por el pasillo, sus movimientos me recordaban a los movimientos de mi hermano pero no a los de un niño de ocho años… será que he perdido la costumbre de estar con alguien de este modo.

-Gracias por todo.-dijo mientras se dirigía con todo hacia la cocina.

-¿Es lo único que sabes decir?, anda trae la ropa, te la voy a lavar y la toalla.- y me las tendió de inmediato, me siguió hasta la cocina.

Él se sentó en la mesa mientras miraba las pizzas, ¿habría comido algo?

-¿Coca-cola, Fanta de naranja, Sprite o Neste?- dije mientras me pillaba una coca-cola.

-Ehhh. Coca-cola.- dijo mientras se giraba para ver la nevera, en época de exámenes solía estar llena de coca-colas y Red-Bull o bebidas echas ha base de cafeína, era malo para la salud pero con precaución, estupendo para el estudio.

Me senté y le entregó el bote, este lo abrió y empezó a comer, se me hacia raro comer en la cocina y mas con alguien que me recordase a mi hermano pero siendo un comino.

El silencio fue pasando con el único sonido de cuando comíamos o bebíamos.

-¿y tu padre cuantas veces suelen venir?-dijo.

Odiaba hablar del tema pero él no lo sabía y al fin y al cabo él se encuentra en una situación en referencia con sus padres peor que en la que me encuentro yo con los míos.

-Pues cuando empezaron a viajar los fines de semana y algún que otro lunes o martes, pero cuando paso un año empezaron los viajes de dos meses y ahora solo vienen para el cumpleaños mío o de mi hermano y para fechas importantes.-dije recordando que esta vez ni siquiera han venido para mi cumpleaños. Ha ellos se le daba genial enviar ter cosas caras y cartas de disculpa.

-¿Por qué viajan tanto?-sus ojos se clavaban en mí.

-Son los inventores de una nueva patente medica, mezcla la tecnología con la medicina, seria algo parecido a la nano tecnología.-por culpa de esos bichos me toca pasarme los días de este modo.

-¿Desde cuando empezaron a irse?-

-Desde que tengo los 14 o 13.- en la época en la que mi hermano se piro y me quede sola con todo pagado era la ostia, ahora solo me comía la soledad, soy como las viejas amargadas.

-¿Cuántos años tienes?-dijo y cogió su segundo trozo.

-Tengo 19 recién cumplidos, estoy estudiando dibujo y diseño, quiero ser diseñadora de moda o al menos trabajar en un futuro con algo relacionado con el arte y el dibujo.- tengo que terminar para este fin de semana las láminas de los dos vestidos al estilo medieval. Que no se me olvide

-Ah.-y se volvió a concentrar en su comida, que chico más raro.

Terminamos de cenar hablando de tonterías tipo ‘’ que feo esta el día’’ o ‘’ ¿Eres mas de Ben 10 o de Marvel?’’, al fin y al cabo es como mi primo pequeño, digo yo que le gustara mas o menos lo mismo.

Nos sentamos en el sofá, él se tumbo y yo me dediqué a pintar, eso me relajaba, me dedique a pintar un paisaje, pero me desconcentre así que me centre en la tarea, cuando volvía levantar la vista vi que eran ya las doce.

Deje el blog de dibujo en la mesa junto con los lápices y me hacer que al niño, se había quedado dormido, los mechones le caían sobre la cara, le aparte uno y él se dio la vuelta.

-¿Guillermo?-su única contestación fue un suspiro y que su respiración se volvió a hacer más continua, estaba como un tronco.

No entendía como en unas pocas simples horas me podía haber encarrillado tanto con el niño. Seria por que me sentía identificada con él.

Cogí una toalla y me metí debajo de la ducha, el agua caía por mi cuerpo, limpiando los restos de bolígrafos y el polvo de los lápices que manchaba mis manos.

El olor del champú lleno el baño y el espejo se empañó, el pelo se pegaba a mi espalda, haciéndome cosquillas, le tenía largo, tenia que cortarme las puntas.

Me rodee el cuerpo con la toalla y salí. El cambio de temperatura era notable, llevé la ropa sucia al cubo de lavar y me fije en el niño, seguía dormido. Las doce y veinte, hoy lo hacia todo demasiado rápido.

Me seque el pelo y me puse un camisón de color gris con manga corta y botones en la zona del pecho, no me gusta demasiado los pantalones para dormir y solía ir o con camisón o con una camisa de tela de las que tiene todo botones y que vienen con un pantalón de tela, pero no era cuestión de ir enseñando las bragas por muy pequeño que sea el niño.

Me hacer que a él y le moví suavemente hasta que se volvió a dar la vuelta y me miro medio dormido.

-Son ya las doce y media y yo me voy a ir ya a la cama, deberías de estar tu también cansado.-dije en un leve susurro

Él simplemente asintió y se levantó, se puso a andar y casi se estrella contra la pared si no le llego a coger de cuello de la camiseta.

El chico me miro y se froto las mejillas, entonces echo a andar hacia la habitación de mi hermano.

Para cuando llegue a ella después de apagar la luz, recoger todo y preparar las cosa para mañana, él ya estaba el la cama y me observaba.

-¿Puedo quitar esta manta?, tengo calor.-dijo mientras tiraba de la manta de pelo que estaba encima del edredón de mi hermano, él siempre había sido demasiado friolero.

-Claro, tu quédate hay, yo lo quito.-tire y se quito con facilidad, pesaba lo indecible, abrí el armario y lo guarde mal doblado, total daba igual, ya lo estiraría.

-¿Mejor?-pero él ya estaba acurrucado entre las sabanas y simplemente estaba asintiendo con la cabeza.

Me acerque al borde de la cama y me puse de rodillas en el borde mientras apoyaba los brazos en esta.

-Hasta mañana, yo me iré pronto pero volveré en cuanto pueda, si necesitas algo llámame al teléfono que te dejare ahora en la mesa, te responderé en cuanto pueda.-Él simplemente me miraba de reojo y asentía.

Me acerque a la mesa cogí un boli y un folio y apunte el móvil, me fui y apague la luz, le entorne la puerta.

-Hasta mañana, Sara.-dijo mientras me dirigía hacia la habitación, me mire en el espejo y estaba sonriendo como una idiota, ¿Qué me estaba pasando?

‘’ Todo estaba oscuro, yo estaba abrazada a la almohada mientras esta ya estaba empapada, todo oscuro, todo dolor, todo soledad. No había nada, salvo yo en un lugar que solo era oscuridad, de repente todo se ilumino y estaba en un bello jardín o prado que se extendía hasta el fin del horizonte, el niño estaba tendiéndome la mano, yo se la cogía mientras me levantaba, mis padres me extendían los brazos, los ojos de mi padre me contemplaban como siempre habían echo, dulcemente, como el color caramelo claro que tenían y los de mi madre, verde oscuro brillaban junto con los hoyuelos que le salían cuando sonreía de verdad.

Me acerque a ellos corriendo y los abrace, me sentía cómoda y a gusto, de repente estos empezaron a chillar en dirección hacia el niño diciendo palabras como en extranjero, palabras que no entendía, la hierba se había empezado a marchitar, la tierra a desquebrajar, mis padres parecían mirarse con decisión, la tierra se cayo y ellos con ella, yo me tire hacia ellos desesperada por agarrarles, pero no pude, las lágrimas salían incluso mas rápido que antes.

La tierra se empezó a romper por todos lados y solo quedaron mi trozo y el de el niño, el mío se empezó a romper y el niño me miraba con los ojos desesperados, yo caí, caí hacia un lago de magma, el niño me agarro a tiempo la mano y me quede colgando, él me miraba desesperado a mi y al rio, pero él se caía también y yo de todas formas me escurría, me intente agarra a la piedra, pero las manos me dolían y sangraban, el niño me intento ayudar a subir mientras seguía aguantando en la piedra que me destrozaba las manos, esta se cayo y me quede mirando la lava mientras me caía en picado hacia esta.’’

Me agarre a sabanas mientras la sensación de vértigo disminuía, el dolor de las manos ya no existía y el frio era el que sustituía el calor, todo estaba en la normalidad, intente regular mi respiración y mi corazón, la frente estaba perlada de sudor y alguna lagrima cayo de mis ojos.

Mire la hora, las cinco y veintisiete minutos, me desplome encima de la almohada, me sentía exhausta, el sueño pudo mas que mi miedo a volverme a quedar dormida.

El despertador sonó a la hora de siempre, al menos no había soñado con nada tan radical, solo con el boceto que había estado haciendo la noche anterior o algo así, me levanté e y desayune, me lave los dientes y me arreglé el pelo y todo estaba ya echo, me asome a la habitación de mi hermano, el niño estaba espatarrado encima de la cama y la persiana medio levantaba, le tape un poco sin despertarle, al menos que no pillara frio y baje con cuidado la persiana.

Cerré la puerta y por primera vez en mucho tiempo no eche la llave, ahora me tocaría ir al autobús, esto seria mejor que no se lo contara a Raquel, era mi mejor amiga, pero pensaría que estoy pero de lo que ya piensa.

El día transcurrió lento, mire unas tres veces en cada descanso y mis amigas me tomaban el pelo sobre si tenía novio o no, yo simplemente dije que había pasado algo familiar y que mi hermano estaba hospitalizado, que estaba preocupada y todas se quedaron cayadas al instante, les toque la fibra sensible.

Me quedé charlando con Raquel hasta que el autobús llego, el de las mañanas lo pagamos, pero el de después te deja en una parada y luego tengo que coger otro.

Pasamos el rato hablando de que tal las clases y de su novio, se había comprado un nuevo coche, un volkswagen descapotable.

Cuando me baje y me despedí de ella, me puse los cascos y la música lleno el silencio, el trayecto se me hacia mas largo de lo normal.

Llegue por fin a la parada y me quede mirando el supermercado de enfrente, tenia que compra comida, eso estaba claro, asique me metí a hacer la compra, el bolso que utilizaba para el material de dibujo no ocupaba mucho y para cargar con un par de cosas me bastaba yo sola.

Saque las llaves como pude y me quede sujetando como pude las bolsas como podía, la puerta se abrió sola y detrás de esta estaba Guillermo mirando de reojo las bolsas. Me miro y me recibió con una sonrisa.

-Hola, buenos días, ¿Qué tal estas?- y mantuvo la sonrisa mientras a mi espalda cerraba la puerta.

Dejé las bolsas en la cocina y todo parecía diferente, todo, el color, la luz.

Atrás quedo la sombra y lo gris, lo tranquilo y el silencio, otra voz me acompañaba, otra llenaba de pasos los pasillos, el salón, toda la casa, esto no parecía ya un tanatorio.

Todo cambiaba, era una nueva forma de dejar atrás la espera de mis padres contada por segundos, él no era para mi un desconocido, aunque fuese por unos segundo, esto era una medicina, una cocaína, quizás después le necesitaría mas, mas y mas como una droga o quizás me aliviaría, solo el tiempo lo sabría, solo él, solo él…