viernes, 25 de diciembre de 2009

Capitulo-2 El viaje

Mi cuerpo descansaba sobre algo duro, frío y rígido. Al abril ojos vi que fuera estaba atardeciendo ¿Cuánto tiempo abra pasado?

Oí como alguien a mi lado carraspeaba, quite la vista de la calle y él estaba a mi lado, sentado en una silla, con una postura despreocupada a la par que agresiva. Yo examine en que estaba tumbada, eran dos de las mesas que utilizaba como mostrador para los libros, los cuales ahora estaban tirados por el suelo.

Los ojos del chico volvían a ser de color azul zafiro pero ahora no tenían el toque de morado, ya no daba tanto miedo.

Me incorpore sentándome en la mesa y me quite de los ojos y de las mejillas las lagrimas secas que ahora me eran molestas, después me desperece y me estire, tenia la espalda agarrotada a causa de haber dormido en aquella mesa.

Cuando le volvía mirar a los ojos vi que su cara había cambiado por completo, había dejado a tras la alarma y la misma expresión de enfado de cuando me acorralo contra el suelo y ahora sus ojos se le salina de sus orbitas, la mandíbula le colgaba como un péndulo y juraría que se había puesto mas pálido de no ser que eso era demasiado difícil. Él me habría visto seguramente el tatuaje fluorescente. Como para no verlo.

-¿Tu eres la sacerdotisa de la luna?- no me gusto mucho el tono de su voz por que parecía que me estaba insultando.

Era gracioso, aunque más extraño que me preguntara lo mismo que yo estaba pensando.

-Creo que si, que soy la sacerdotisa de la luna o al menos eso es lo que me dijo esa mujer- me encogí de hombros. Parecía que el tema de que fuese yo la tal sacerdotisa le ilusionaba tanto como a mí, o sea nada.

-¿Ella?, ¿De quien hablas, chica?- me molesto que me llamara chica. De repente fijo su mirada en mis ojos, que antes estaban demasiados ocupados examinado aquel tatuaje, hizo que el corazo me fuera a mil, me puse tan nerviosa como en los exámenes de mates. Después puso las manos a ambos lados de mi cuerpo y me miro aun mas fijamente (algo que me parecía mas difícil) eso hizo que mi corazón metiera la sexta, ahora iba a doscientos por hora.

Cuando hablara luego con Vanesa, si es que ahora no aparecía un nomo y me mataba o una sirena y me cantaba hasta dejarme sorda o vete a saber si este chico era un hombre lobo o un vampiro o algo de eso, le diría que me iba a deber una bien grande. Y no dejaría que me volviera a llevar a una librería nueva, ni que me presentara a un chico nuevo, nunca, pero nunca jamás y este nunca si que lo iba a cumplir.

Aspiré mucho aire para soltarlo todo de carrerilla.

-Cuando me dormí apareció delante de mi un prado en el que había una mujer que dijo que se llamaba Kashyri Elene, si no recuerdo mal, me pidió que reuniese a unos sellos y que salvara un país, luego me dijo que el libro con la luna que tienes tu aquí en la librería es mío y después dijo que tu me ayudarías junto con once personas mas y que seriáis mis sellos y después me planto este tatuaje raro que brilla aquí, luego me desperté.- todo esto lo dije todo lo rápido que pude y estuve gesticulando sin querer también cuando mencione lo del tatuaje me le séllale y él no movió la vista de ahí desde entonces, parecía no respirara desde que dije el nombre de kashyri.

-¿Cuántos años tienes?-volvía a tener la voz ahogada y le costo decir ´´ años``. Pareció tonto.

-17, los cumplí hace una semana ¿por qué lo preguntas?- los ojos se le volvieron a abrir demasiado, pareciendo un gato asustado y cuando lo mencione inspiro aire con demasiada fuerza. Dio un salto ágil, incorporándose con agilidad, pero iba demasiado lento y empezó a caminar cabizbajo y con los ojos en la nada...

Él se paro delante de la puerta que estaba en el piso de abajo, detrás de la escalera de caracol después se dio la vuelta y se me quedo mirando fijamente, en sus ojos había dulzura y ternura y sus labios estaban curvados en una sonrisa, yo no me había levantado pero, le seguí, ¿quien se podía resistir a la llamada de un chico así? Intente no corre para que no se notara nada.

Me cogió la mano y después me colocó lentamente delante de la puerta, él la abrió lentamente.

El lugar me cautivo, el sitio era una especie de mini templo y estaba iluminado por miles de velas que estaban por el suelo y rodeando un pequeño estaque.

En la habitación solo había dos cosas. El pequeño lago y una estatua de una mujer. El sitio era grande y cuadrado, con la pared pintada de color negro y en las cuatro esquinas había cuatro columnas que resplandecían con la luz de las velas, eran de un blanco penetrante que destacaban. El suelo era de azulejos que imitaba a la pizarra pero de el mismo color que la pizarra y la estatua era de la misma piedra que las columnas. Todo era precioso, me adentre dentro de la habitación y me acerqué mejor a la estatua. Oí como detrás el cerraba la puerta.

Aquella estatua al principio pensé que era de una diosa griega o algo por el estilo, pero el pelo, la cara, las ropas… estaba convencida de que ello era kashyri, pero lo que no encajaba era su rostro lleno de tristeza y de dolor ni las armas que ella portaba: una espada y un báculo.

Me gire y vi que el chico estaba detrás de mi contemplando la estatua, parecía estar rezando a esa diosa o algo por el estilo.

Le estuve mirando durante un buen rato mientras él miraba a la diosa. Contemple el tono que obtenía su cara a la luz de las velas o el color de su pelo que obtenía con esa tenue luz, que ahora parecía de color cobrizo en vez de rubio oscuro, en sus ojos seguía habiendo miedo y sorpresa. Él parecía un ángel.

Cerró los ojos por un momento y me devolvió a mirada, en ellos volvía haber dulzura como antes. El corazón ahora me iba a mil, él debió de notar que me ponía colorada ya que se río.

-Es ella –solté de sopetón y me pareció algo brusco, pero era la verdad.

Quería darle todos los detalles de la historia así a lo mejor él me explicaba algo y si además me tocaba estar mucho tiempo con él era hora de ir haciendo buenas migas, aunque ahora tenia la sensación de que podía confiar en él. Es mas notaba que era como un hermano mayor.

Me miró fijamente a la cara y el corazón reaccionó, otra vez hiendo a mil por hora, él se acerco y me toco delicadamente la barbilla, para obligarme a mirarle a los ojos. Su expresión era serena y tranquila.

-¿Podrás ir a otro mundo, a mi mundo, salvar un país de una destrucción próxima segura… un país que ni siquiera conoces arriesgando tu propia vida? Este sello…- y toco el tatuaje, pero lo hizo tan suavemente que pareció como si el viento me hubiera rozado. El tatuaje reaccionó poniéndose a brillar con el doble de fuerza de lo normal y sentí como una puntaza de frío se clavaba en unos de los círculos dibujando un signo y después desaparecía el frío. Aquel signo era el de el signo zodiacal de cáncer.

De repente se deslizo cinco pasos hacia atrás, quitándose la camiseta ajustada que llevaba, dejando su pecho al descubierto. Me puse colorada como un tomate, sin poder remediarlo. Él se rió suavemente a ver mi reacción y los oídos me dolían a causa del martilleo de mi corazón.

Era más musculoso de lo que aparentaba y estaba entre los diecinueve o dieciocho años, yo no le echaba más. Su cuerpo tenía el mismo color albino que su cara, parecía una estatua de mármol, pero esta estatua podía hablar y tenía una belleza arrebatadora, cada vez estaba más convencida de que era un ángel. Mi ángel de la guarda personal.

Él estiro la mano hacia mí y una marca en su hombro derecho donde yo tenía mi marca apareció, era un círculo y dentro estaba el signo de cáncer. En su mano poco a poco se fueron formando cristales de hielo que se fueron juntándose hasta crear una rosa perfecta, la rosa mas bella que jamás había visto, después volteo la mano rápidamente dejándola caer al suelo. Una pena, en un jarrón hubiera quedado preciosa.

Ahora, ya sabia que él era uno de mis sellos, uno de mis guardianes y por ello me sentía sana y salva junto a él.

-¿Podrás salvar un país y a miles de personas de una muerte próxima?, no has podido elegir y eso en parte es injusto pero una cosa es segura si te han elegido a ti podrás desempeñar este papel y podrás salvarnos. Confío en ti- su sonrisa era dulce y calida, se agacho y recogió la camiseta negra que llevaba, se la puso y eso calmo un poco a mi corazón pero mi cabeza tenia un lío impresionante.

Tengo que hacerme la sacerdotisa, no hay elección ya llevo la marca y es tontería huir de algo que no se puede esquivar o eliminar, por eso seré la mejor sacerdotisa que halla pisado ese país y intentare conseguir o encontrar a todos los sello pero… ¿y si moría? Mama, Papa, Matt… todos me echarían de menos, de repente en la boca del estomago se me hizo un nudo y las lagrimas casi me saltaron los ojos, respire hondo y me prepare para responder.

-Tienes razón, es injusto que de la noche a la mañana me digan que busque a doce personas y que salve un país que ni siquiera conozco, pero también seria injusto para las gentes de tu país que esperan a que alguien vaya y por fin cunado yo aparezco y les voy a salvar diga que no por que tenga miedo… yo no quiero morir pero no quiero que tú o cualquier otra persona mueran por mi colpa yo no quiero…- tuve que dejar de hablar por que los sollozos me dejaban sin aliento, las lagrimas que había estado reteniendo se habían escapado dejándome en humillación en mi gran discurso.

El chico al principio estaba sorprendido, pero en cuanto empecé a sollozar, me miro con ternura y cuando termine de hablar, empecé a quitarme las lágrimas como podía pero él de repente me abrazo. Su abrazó era duro y frío pero en el había ternura me recordaba a cuando mi hermano me abrazaba cuando lloraba por que me caía o cualquier cosa, esto pasaba hasta los diez, pero lo recuerdo como ayer. Y sus brazos eran como una fortaleza inescrutable que nadie ni nada podría derivar para dañarme. Al pensar en lo parecidos que parecían los brazos de mi hermano calido y acogedores y los del chico fríos y dulces, pensé en que nunca mas estaría con mis padres y mi hermano lo que hizo que un nuevo ataque de llantina acudiera a mi, asustando y sorprendido al chico con ella, pero aun así me abrazo con mayor fuerza aunque en sus ojos ahora se estaban poniendo del color de la amatista y su cuerpo se estaba empezando a tensar, como si algo se estuviese despertando.

Cuando por fin la respiración fue acompasado y deje de sollozar, me aparto y en sus ojos todavía brillaba el color morado, cuando le mire me removió el pelo.

-No morirás, ¿vale? Me tienes a mi y a once guardaespaldas mas, ¿te parecen pocos o que?- se echo a reír alegremente.

Si todos eran igual de rostro que él, a mi pobre corazón le daría algo.

-Creo que serán suficientes, gracias, aunque tengo bastante mala suerte.- y me eche a reír, no pude evitar la voz de sus risa contagiosa era tan alegre…y relajante.

Empezó a andar, yendo en dirección hacia una pared al lado de la escalera, se apoyo en ella con aire despreocupado y me devolvió la mirada.

-quédate y no salgas bajo ninguna circunstancia, allí afuera ahí un enemigo muy poderos y no puedo luchar bien contigo aquí, si sales de la habitación te ´´ olerá `` y te matara. Cuando saque el libro, nos iremos a Sapphire a que seas presentada en el castillo de la capital de la luna como la sacerdotisa de la luna.- hablaba tan rápido que era difícil conseguir entender las palabras que salían de su boca pero lo conseguí.

Cuando termino de habla se dirigió al piso de arriba a la zona donde esta el libro, esquivando la escalera, entonces se agacho y salto agarrando la barandilla del piso de arriba y saltando la con agilidad cayendo en el suelo sin hacer el mas mínimo ruido. Fue sorprendente y podía oír como se reía levemente, agradado de haberme sorprendido.

Entonces se puso delante del cristal extendiendo las manos pero sin tocarlo y este empezó a brillar levemente, y el cristal empezó a derretirse gota por gota, era hielo, como la rosa que él me había enseñado anteriormente, ahora entendía por que al tacto era tan frío el cristal que rodeaba a aquel libro.

El tiempo pasaba y cada vez la misma sensación que había tenido esta mañana al salir de casa me recorría el cuerpo, sabia que estaba en peligro y que algo que me observaba estaba esperando a que saliera de aquella habitación, algo que ocurrirá si esta angustia que ahora me recorre el cuerpo por cada una de mis células no desaparece. Solo quería sentir aquella seguridad que sentía a su lado aunque fuese a medio metro pero aquella distancia que nos separaba me parecía un abismo enorme en el que caeré si no estoy con él.

Me acerqué al umbral de la puerta y el miedo desapareció, pero todavía era demasiado para mi, quería estar mas cerca de él, por lo que adelante un paso mas poniendo los pies en el mismo umbral de la puerta, el chico se dio la vuelta al oírme y advertí que en su cara había miedo, miedo a que terminara cometiendo la estupidez del siglo, pero al final la cometí. Salí de aquella habitación para acudir a su lado para que el miedo se fuese pero eso atrajo algo que era mucho peor que eso mismo.

Entonces tres cosas sucedieron una detrás de la otra en menos de treinta segundos: de repente un enorme chasquido estallo en el local, parecía que habían roto un enorme cristal, después el chico se coloco delante de mí sosteniendo el libro en una de las manos y por ultimo la puerta de la tienda se abrió chirriando levemente.

Quien había entrado a la habitación era una mujer de unos veinte, veintidós años como mucho que era la típica rubia despampánate que te hacia llorara de la gran belleza suya y de la pequilla belleza tuya con solo mirarla, llevaba unos vaquero desgastado y muy ajustados y una camiseta anudada al cuello de color morado, con unos zapatos de tacón negro. Su pelo caía largo hasta su cintura, tan liso que parecía imposible, sus rasgos y su tez marmórea era igual que la del chico, pero lo que más destacaba de aquella chica eran sus ojos rojos carmesí que brillaban levemente en el umbral de la tienda.

El chico profirió un leve rugido, como si fuese un león, que parecía ir dirigido a aquella mujer.

-Hola, hermanito, pero que formas son estas de saludar a tu única hermana… ¿y esa señorita?, que mona, es adorable, ¿puedo jugar con ella?- su voz era aguda y cantarina a la par que tenia un tono dulce, pero no se porque me hizo estremecerme del miedo.

El chico de repente me estrecho contra su pecho aplastándome la oreja contra él, colocando el libro entre él y yo, lo que me asusto ya que no me lo esperaba pero ahora era capaz de escuchar su respiración y aquel leve ronroneo que salía de su garganta, pero lo extraño era que no se oía el latido de su corazón, o eso o tenia el pulso normal, pero ¿Cómo lo hacia? En un situación así cualquiera tendría el corazón a mil, pero del suyo no había ni rastro.

-Hola, hermana, te ves bella como siempre y esta es mi huésped, así que no permitiré que juegue ella con nadie, es demasiado delicada.- su voz me extraño ya que estaba acostumbrada a escucharle reír o hablar con ternura pero aquella voz era tan vacía… pero me transmitió el mismo miedo que la voz de la mujer de la puerta.

Los dos se miraron durante un minuto y en sus ojos había tanto odio y amargura que era sobrecogedor pero de repente el chico bajo la cabeza y puso sus labios cerca de mi oído.

-Llévate el libro, corre con todas tus fuerzas hacia la habitación y colócate al lado de la estatua, y repite en tu cabeza ´´ Sapphire``, el libro te tele-transportara a un lugar en el que te esperara una mujer, no temas de ella es de los nuestros.- aquellos susurros y su aliento eran fríos pero su aliento gélido olía tan dulce y bien que me hizo olvidar lo que me estaba diciendo.

Asentí levemente contra su pecho y él me devolvió una leve sonrisa, me aparto bruscamente de sus brazos y entonces sus ojos se volvieron del mismo color rojo que los de su hermana, rojos como la sangre.

- ¡No lo permitiré!- chillo la mujer, el sonido fue parecido a cuando se araña una pizarra, desagradable hasta lo indeseable.

Entonces el chico se puso delante de mí para protegerme de su hermana que ahora estaba cayendo encima de él como una tigresa enfurecida, pero él la paro en el aire, cogiéndola del cuello y estampándola contra la pared forrada de estantería que tenía a su derecha. La estantería tembló y se partió en dos dejando algunos libro hechos polvo y otros medio pulverizados.

El chico se dio la vuelta, con tanta rapidez que me asuste y me miro fijamente.

-vete- fue la única palabra que salio de su boca, pero yo quería obedecer su orden y hacer lo que había dicho pero el miedo me tenia paralizada y era incapaz de mover el mas mínimo músculo.

Él chillo con desesperación y me cogió en brazos como si fuese un bebe y se dirigió hacia la habitación conmigo, pero su hermana ya se había levantado del suelo y le había empujado con enorme violencia, haciéndome entrar a mi rodando hacia la habitación y el chico quedando tumbado en el suelo, en el agujero que había echo el mismo del golpe contra el suelo.

Se levanto jadeante pero antes de que se pudiera defender, su hermana se había colocado detrás de el rodeándole el cuello con los brazos y mordiéndole en el punto por el que pasaba mas sangre por el cuello. El chico profirió un grito ahogado y cogió la melena rubia de su hermana tirando de ella con violencia, y consiguió apartarla de su cuello pero de el ahora caía de su cuello miles de hilos de sangre, su hermana se reía descaradamente y los ojos de su hermano ardían ahora en el color rojo ya que ahora su color de ojos era tan intenso que hasta parecía brillar en aquella habitación poco iluminada a causa de las velas.

Cogió a su hermana la volvió a lanzar contra la pared y sonaron el chasquido como de algún hueso roto, ahora se había pulverizado hasta la propia madera de la estantería. La mujer se estaba levantándose pero se tambaleaba tanto que hasta hubo una vez en la que se calló.

El chico me volvió a coger en volandas, como si fuese un bebe y se dirigió justo debajo de la estatua, me rodeo la cintura con un brazo, apretándome fuertemente contra él y con el otro apretó el libro contra su pecho justo como me había indicado el chico antes.

A nuestro alrededor se creo una especie de torre de luz que parecía hasta traspasar el propio techo del edificio, en ese mismo instante la mujer entro en la habitación y grito exasperada, ya no nos podía coger, se dejo caer al suelo y dio un puñetazo en el creando un agujero. De repente levanto la mirada y se quedo mirando al chico que le estaba sacando la lengua en forma de burla, la mujer al verlo, soltó otro agudo grito, que me molesto y mucho, entonces todo empezó a desaparecer y todo empezó a convertirse en una enorme habitación blanca, hasta que esa habitación se volvió estable y la luz se apago desapareciendo aquella torre de luz.

El lugar era parecido al de la habitación anterior en la que había estado pero el negro de las paredes había sido sustituido por un mármol de color grisáceo, la habitación era redonda y estaban puestas mucha columnas, una gran puerta estaba en el final de la habitación donde nos esperaba una mujer con una capa negra que solo le dejaba al descubierto la cabeza, su bella cara y su una luna creciente azulada que brillaba en medio de su frente. ¿Quien seria esa mujer? Y lo más importante ¿dónde se supone que me encuentro en este instante?

2 comentarios:

  1. ¡Qué dulce el chico!
    Por cierto, guardianes, tatuajes... Hará unos años salieron a la venta en España los dvds de Fuyitsi Yuhi (o algo así)y la chica tenía también unos cuantos guardianes con signos en la piel. Aunque no creo que te suene.
    Tú tienes 12, como el zodíaco que nombras, encontrarlos a todos promete. Ya colgarás más.

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  2. la serie esa me suena. pero en realidad me lo invente pensando en las chicas que en la antuguedad estaban en los templos romanos, por lo de las estrellas y los tatuajes pense que esa era una buena forma de que se les reconociera, pero la verdad esque me hice un remis de cosas con esta historia.

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