viernes, 25 de diciembre de 2009

Capitulo-1 visitante antojaciza

Deje de pensar en el pasado cuando un dulce perfume inundo con gracia la habitación, rosas y no me hacia falta abrir los ojos para saberlo, demasiadas veces las había olido ya.

Me incorpore un poco en el sofá sin ganas mientras contemplaba la luna llena, hoy quizás fuese al lago, estaba realmente bello en aquellos días, mire hacia la puerta y vi a Edward entrar con un jarrón de rosas rojas entre las manos, me contempló mientras lo dejaba en la mesa del centro del lugar, su fría mirada seguía siendo lo mas característico de él, sin ninguna duda a caber de ello.

-Mi señor, las flores las ha traído la señorita Elena, me dijo que le dijera que se iría un tiempo de viaje pero que enseguida volvería para usted.- dijo mientras se sentaba en el sofá de enfrente.

-No pienso amarla, estoy arto de ella, simplemente quiero tranquilidad y tu mi buen amigo lo sabes mejor que nadie, a demás sabemos bien tu y yo que ella solo me quiera por mi rango y por lo que a ello le corresponde.- dije mientras recordé la vez que mientras tenia los ojos cerrados me salto y me empezó a besar mientras me intento arrancar la camisa, tuve que ser demasiado brusco para calmarla, no me gusta que me toquen de ese modo sin mi permiso y eso lo sabia bien ella de ante mano.

-Si desea descanso, tiene todo el tiempo del mundo mi señor y hay otra cuestión por la que estoy aquí.- dijo mientras jugueteaba con una rosas entre sus manos fijándose en sus hermosos pétalos.

-¿El que?- dije mientras cogía una y empecé a arrancarle los pétalos.

-Una humana pide audiencia con usted.- dijo mientras fijaba sus ojos de frío hielo en mí, me costo una milésima entender aquella palabra, al instante la rosa termino echa añicos entre mis dedos mientras lanzaba el reto al suelo.

-¿Una humana?- dije indignado de que tal escoria me pidiera una audiencia a ´´ MI``

-Si señor, dice que es urgente, esta esperando en la puerta de la habitación.- dijo mientras recogía lo que yo había tirado, me agache para ayudarle.

-¿Qué es lo que desea de mi?- dije mientras intentaba calmarme un solo instante, que estuviera tan enfadado no era demasiado bueno para el inmobiliario y este me gustaba de verdad.

-Dice que tiene algo que decirle y ofrecerle algo que nadie mas le puede dar.- dijo y dejo los retos de la rosa en la mesa mientras depositaba la suya en el jarrón y empezaba a buscar un lugar apropiado en la habitación para este, se termino decantando por la mesilla que estaba en el lado de la izquierda de la cama, quedaba bien allí.

-Bien, pues entonces veamos que es lo que me tiene que ofrecer si no ya tengo la comida de esta semana.- dije mientras reí, ahora me di cuenta de que su olor se colaba por debajo de la puerta y se mezclaba con el de las rosas. Que estupido he sido de no percatarme de ello antes.

-Si me disculpa.- dijo mientras se dirigió hacia la puerta y la abrió, su cuerpo pequeño delataba que tendría unos 17 o 16 años y que era flacucha algo fácil de saber por las líneas que marcaba el vestido simple y marrón oscuro que llevaba, solo había algo que era extraño en aquel conjunto, un cinturón por el que llevaba atados a este dos bolsas de terciopelo una un tanto pequeña, parecía un monedero y otra que parecía albergar algo rectangular y ancho, aun así no muy grande, ¿seria una caja?

- Señorita le presento a mi señor, Alan Sheridan, sangre pura y señor de estos territorios y de una de las más nobles familias.

La muchacha me hizo una reverencia y yo me tumbe en el sofá, ella no necesitaba ningún respeto de mi parte, en cambio ella necesitaba que me sintiera respetado por esta si no deseaba morir.

-Encantada de conocerle, señor, mi nombre es Sophia, mucho gusto en conocerle.- dijo mientras me miraba desde el umbral de la puerta.

-Siéntate y Edward, ya te puedes retirar, gracias.- dije mientras la miraba como se sentaba con elegancia en el sofá, tenia estilo, había que reconócelo.

La habitaciones quedo en silencio después de que Edward me hiciera una reverencia y se marchase, esta solo había estado mirándome durante todo el rato y yo deje pasar el tiempo, como estaba acostumbrado, me incorpore al rato y me la quede mirando atentamente, esta me miro a los ojos y sabia lo que vería en ellos, una bestia despiadada, esta tenia el pelo negro como la noche pero sus ojos eran color celeste, como el color claro del agua pura, era un contraste bello.

-y bien, Deseas la muerte o el que, Si no seria una tontería venir a ver a un vampiro pero tengo curiosidad ¿como sabe una simple humana de un sangre pura como yo o mejor dicho de los nuestros?- dije mientras la veía relajarse al escuchar mi voz, la tensión la debía sentar mal.

-Mi madre me contó de vuestra existencia para que yo pudiese vivir.- dijo mientras observaba con detenimiento cada objeto, jarrón y cuadro del lugar.

-¿Para que vivas?- ¿por que le estaba dando conversación una simple cabeza de res que mas tarde seria mi cena?

-Me estoy muriendo, solo me queda un mes.- dijo y eso me hizo fijarme en su palidez y su delgadez, encajaban en aquel cuadro, aprecia una enferma.

-¿Qué tienes?- dije y si era anémica que por el olor de su sangre lo parecía, si era así entonces la mataría y quizás la mandaría enterar, sabía demasiadas cosas.

-No lo se, descubrí con el don que tengo que solo me quedan de vida mes y medio, puedo darte a cambio algo si eres tu el que me trasforma, algo que muy pocas personas te pueden dar.-dijo mientras volvía a clavar sus ojos azules en mi, eran diferentes a los de Edward, estos eran dulces y calidos, en verdad sus ojos eran como el agua pura.

-¿Cuál es tu don y que te hace pensar que un sangre pura te va a trasformar?-dije mientras pensaba que no le daría a aquella chica la condena que yo llevaba arrastrando desde que nací.

-Puedo ver el pasado, presente y futuro de toda persona si se su nombre, y pondré a disposición completa mi vida y mi don si eres tu el que me trasforma, quiero ser una vampiresa de clase A.- dijo mientras bajaba su mirada al decir esto ultimo.

Aquello me enfureció y termine recostándome contra el sofá y reposaba los pies encima de este. Me eche a reír, ¿Se creía de verdad que me creería aquella farsa?

-¿Te crees que soy estupido que no tengo cerebro o que?- dije mientras mi voz resonaba cada vez mas fuerte.

-Ni mucho menos tomaría por estupido a un vampiro y menos a un sangre pura como lo es usted, le propongo un trato.-dijo mientras se agarraba a las faldas del vestido, parecía tenerme miedo.

-¿Qué clase de trato?, mi pequeña ratita asustadiza.- dije con sarcasmo, esta saco fuerzas de aquello y me miro con semblante serio.

-Déme usted una sola oportunidad para demostrarle que mis poderes son de verdad si no máteme del modo que quieras.-dijo mientras un escalofrío le recorrió el cuerpo.

-De acuerdo.- dije mientras la miraba con mofa.

Esta se llevo las manos al cinturón y empezó a rebuscar en su pequeña bolsa y de esta saco un péndulo de plata que estaba hueco por dentro y parecía poder abrirse, la cadena de la que colgaba este era fina y terminaba en una pequeña bolita maciza de un mineral azul.

-Si me das un pelo tuyo podré decirte la fecha de cumpleaños y en que año naciste.- dijo mientras abría el pequeño compartimiento del péndulo.

-¿Y si te digo que nací el 4 de abril de 1797?- dije mientras me quitaba un pelo del cogote y se lo entregaba, esta lo introdujo dentro y cerro el péndulo, en seguida le dejo balancearse, paso la mano alrededor de este y al instante se quedo completamente quieto, solo parecía vibrar.

La chica cerró los ojos y se concentro, el péndulo empezó a moverse hacia la izquierda y esta abrió los ojos al instante.

-Diría que mientes.- dijo mientras se sacaba de la bolsa grande unas cartas viejas y una libreta con letras y números junto con dibujos de casas y cosas así, se para en la de los números, estaban enumerados del cero al nueve.

Lo cierto era que había acertado y poca gente conocía mi fecha de nacimiento exacta, solo la conocían mis padres que están muertos, mi hermana que no se donde esta, mi hermano que me odia y vete a saber si se acuerda y Edward que llevaba ya conmigo tantos años que no recuerdo en que año le conocí aunque si en que circunstancias.

-Si sabes mi edad de por si, ¿sabes qué te matare?, pero ¿como se que no lo sabes de por si?- dije mientras pensaba que a lo mejor si su madre le había hablado de mi tambien se habría preparado para esta pregunta y eso del péndulo solo era un simple paripé.

-Si acierto, pregúntame entonces todo lo que quieras, acertare con seguridad, si tengo estos poderes ahora, imagínese lo que seria capaz de hacer ya transformada, señor.- dijo mientras seguía concentrada pasando una y otra vez el péndulo por los números mientras este se movía mas fuerte hacia unos números que hacia otros.

La chica tenia razón y si eso fuese verdad seria un autentico diamante en bruto, algo demasiado inusual como para dejar que se convirtiese en algo de segunda clase, tenia que pertenecer a la clase que se merecía, a la clase A

-Tu naciste el 9 de abril de 1609, ¿acerté?-dijo mientras me miraba con una ancha sonrisa en los labios.

-Si-dije mientras pensaba como habría echo trampas, ¿se lo habría dicho Edward? No creo el era demasiado poco hablador.

-Bien ¿que otra pregunta quiere que acierte?, señor.- dijo mientras me miraba inquisitivamente.

-Vale, si te dijera que me dijeras mi pasado, ¿Serias capaz? Pero si te equivocas aunque sea en una sola palabra, sabes que las consecuencias son nefastas ¿verdad?- dije y me puse a pensar en que muerte poco dolorosa le podría dar.

Esta cogió la baraja que tenia y empezó a susurrarle palabra que me eran imposibles relacionar con ninguna lengua que conociese, me recordaba al latín pero aun así eran demasiado extraña, coloco tres montones en la mesa y pude contemplar lo desgastados que estaba los bordes de utilizarlas.

-Con la mano izquierda coloca los montones en el orden que quieras y haz un solo monto.- dijo con voz monótona, parecía otra, la seriedad que había adoptado su cara parecía irreal.

Hice lo que me indico y al instante que termine de barajar, ella empezó a trabajar con ellas, las puso todas las carta seguidas y dividiéndolas en barias filas.

-dolor, sufrimiento y soledad, han sido los sentimientos que mas has tenido en tu vida, tu infancia fue feliz y en ya una edad entrada tu padres quedaron…¿muertos? No… en reposo, es como si ellos siguieran dormidos pero a la vez despiertos, no lo comprendo.- dijo mientras pasaba sus finos dedos por las cartas, me que de clavado cuando dijo esto ultimo, estaba prohibido que tal cosa lo supiera un humano y si lo sabia a cambio tendría que morir.

-Se llama ‘’pacto de letargo’’ se hace cuando esos vampiros son demasiado poderosos o se quiere dejar a un vampiro sin morir, se le clava algo en el corazo y se le extra la sangre, si esa sangre entra en contacto con el cuerpo, el cuerpo vuelve a vivir, se ha hecho solo con cinco vampiros y de ellos mis padres son dos...-Dije sorprendido de lo que había acertado.

-Hermanos, tienes hermanos, pero nunca has estado muy unido a estos salvo por el gran aprecio y cariño que te tiene tu hermano mayor….-y se quedo mirando una carta y la que estaba a su lado- no, no, es hermana, tienes un hermano mayor y una hermana que es la que esta en medio.- dijo mientras retiraba algunas cartas y hacia otro montón con las cartas que ya había interpretado, era increíble lo que era capaz de decir.

-Conociste a varias mujeres-de repente desvelo una carta que había estado todo el rato boca a bajo-cuatro, exactamente, ¿me equivoco?- dijo mientras aun tenia aquella carta entre sus manos, salían en ella cuatro espadas.

-No, estas, por ahora en todo lo cierto.- dije y ella me sonrío y deposito aquellas cartas en el montón de usadas.

-ellas te amaron y tu a ellas- se paro y contemplo una carta que estaba a su derecha, una que había cogido del monto pequeño que no había desvelado aun.

-Pero la ultima mujer que amaste, fue especial, ella te consiguió calmar.-dijo mientras señalaba y tocaba con ternura una carta en la que salía una pareja sonriente y abrazándose.

-Pero ella murió antes de pasar a esta vida, no espera, si paso… ¿no acepto el cambio su cuerpo?, si… si, lo acepto pero no, ella murió al poco.-dijo mientras empezó a sacar y recolocar todas las cartas, lo hizo tan rápido que incluso me sorprendió, se notaba que tenia experiencia.

-Ella, fue asesinada, ¿verdad?- yo no quería recordar aquellos días que aun estaban demasiado recientes a aunque ya se tratasen de años, años que marcaban su paso con dolor.

-Si, ella… la mataron cuando aun era una recién convertido, en ese tiempo el vampiro está demasiado distraído con el cambio como para poder defenderse bien y yo…- dije sin querer seguir.

-Tú, no pudiste hacer nada o es mas hiciste cuanto tenías y pudiste e incluso hiciste de más-dijo mientras utilizo de repente el péndulo y lo fue pasando por una serie de lista de palabras.

Me sentía desorientado y aquella brecha de dolor, aquella cicatriz, aun se resentía cuando su historia salía a flote y mas si su nombre se mentaba, algo por lo que en este momento no estaba dispuesto a recordar.

Vi como pasaba la mano por un conjunto de cartas, en concreto tres, que estaban fuera de aquella especie de estrella que había formado con el resto.

-El que la mato…-dijo

-Obtuvo lo que se merecía, un intercambio.-dije lleno de cólera, recuerdo el dolor de aquel brazo roto, pero aquello no fue nada comparado con el dolor que sentí con su pérdida, hubiera preferido que me hubieran roto mil veces el brazo y seguir teniéndola junto a mí.

-No os entiendo-dijo la chica mientras sacaba las cartas y las iba colocando en línea, esta miraba preocupada a las cartas mientras de vez en cuando iba pasando la mano por encama de estas.

-¿Que sucede?-dije, la curiosidad me mataba, aunque al fin y al cabo era mi futuro.

-No lo se, las cartas de están contradiciendo las unas a las otras…-dijo mientras se tocaba la cabeza como si le estuviera doliendo, yo solo veía que ahora todas las cartas estaban saliendo invertidas, como lo había estado mi viva sin mi amada.

Siguió haciendo montones y colocando las cartas hasta que por fin salio una hacia arriba un hombre.

-El ermitaño, la soledad.-dijo mientras me entregaba la carta, era un hombre sentado en una roca y contemplaba el cielo en el que una luna menguante a penas lo iluminaba.

-Tu vida a estado llena de soledad, de recogimiento, todo ello a causa de su muerte, aun te duele pensar en ella.-dijo mientras sacaba otra carta, la carta de los enamorados pero boca abajo.

-Elina…- dije en un susurro, su nombre aun penetraba en mi alma y el dolor era la verdad menos intenso que cuando la perdí y aquella herida estaba demasía en carne viva pero el olvidar aquel dolor me producía miedo, miedo a olvidarla.

La chica recogió las cartas poco a poco y esta me miro yo me deje vagar por mi memora por un solo instante.

-¿Me convertirás al final?-dijo mientras guardaba todo en el cinturón.

-Muchas veces e deseado el poder ser un simple humano, el no serlo me hizo convertir por egoísmo a la apersona que mas amaba en una bestia, por ello murió, con unas cuantas cartas has podido saber mi pasado, uno que solo los yo se por completo, es increíble tu potencial pero, ¿De verdad deseas vivir con esta vida?- dije

-Tengo una misión que cumplir y esa misión si no estoy a tu lado no se cumplirá y si no la cumplo los daños serán demasiado grandes para vosotros los vampiros y irreversibles para nosotros los humanos, no te puedo decir mas ya que es lo único que se, esto esta demasiado lejos… aun.-dijo con una sonrisa picara.

Sonreí amargamente y la mire, sabia que mis ojos debían de estar brillando, pero parecía no inquietarla.

-¿Sabes como es la transformación?-dije mientras me acercaba a ella y para estar frete a frente me senté en la mesa.

-No-dijo secamente.

-Tu has de beber mi sangre, a cambio obtendrás una bestia en tu interior sedienta de sangre, las transformación en el cuerpo no tardara mas tiempo de un cuarto de hora o diez minutos, pero durante ese tiempo desearas que el dolor pare y incluso la muerte antes que esa tortura, después sentirás que las venas te arden, cuando lo dejen de hacer y el calor se acumule en la garganta y sientas tu cuerpo mas poderoso y fuerte, la transformación habrá terminado.-dije y me fije que en un aparte de la explicación se estremecían por culpa de un escalofrío.

-¿sigues…?- pero esta negó con la cabeza antes de que terminara y me miro abrumadoramente.

-Es mi destino, sino el precio de mi egoísmo lo pagara el mundo entero.-dijo mientras me miraba como me remangaba.

Me levante y me fui a la mesilla allí tenia una daga, me senté después enfrente de ella y ella miro aquella daga con recelo.

-túmbate.-la indique y esta se quito el cinturón y se tumbó en el sofá.

-abre los labios.- dije y esta al instante me obedeció.

Deslice la daga por mi muñeca y la sangre broto, deje que esta cayera dentro de la boca de la chica y después de que trago por primera vez, pareció que a su boca no le desagradaba tanto el sabor, entonces cuando empecé a oír a su corazón desenfrenado, le quite la mano y me la mire, pensé en aquella herida y al instante se cerro, este poder era el que mas me gustaba de ser un vampiro.

La chica convulsiono hacia arriba como si su corazón fuese un fugitivo que quería escapar, luego se retorció y clavo las uñas con fuerza en el sofá, el dolor y la quemazón debían de haberles empezado, apretaba con fuerza los dientes y gritaba por culpa del dolor, esta no hacia mas que moverse mas y mas y su corazón latía cada vez mas fuerte, yo me senté en el sofá de enfrente, no podía hacer nada para aplacar su dolor, vi que de repente se llevo las manos a la garganta y abrió mucho la boca como si se estuviera ahogando, entonces poco a poco fue cayendo sin fuerzas en el sofá, se dio la vuelta y se incorporo con los codos, pude ver sus ojos ya del color de la sangre, rubíes que ahorra se engarzaban en su rostro. Después esta al instante suspiro y se dejo caer en el sofá, se había desmallado.

Me levante y la cogí en brazos, la deje en la cama y cogí el cinturón y lo puse a su lado, le aparte un mecho de su cara y comprobé lo que me había parecido, su rostro ya no era el desmejorado y pálido por la enfermedad sino era un poco pálido pero ya tenia un aspecto mucho mas bello y natural de lo que había tenido antes.

Su corazón ahora latía mucho mas lento que el de un humano, aquello era una prueba irrefutable de que era ella ahora uno de los nuestros y como había prometido estaría a mi lado para poner a mi disposición ese poder.

Me dirigí hacia la puerta, tenia que informar a Edward de lo que había sucedido y lo de la nueva miembro de la familia, abrí la puerta y me la quede mirando, juraría que se había movido y que se estaba acomodando en la cama.

-Bienvenida al mundo de la noche, bienvenida a mi mundo.- dije y cerré la puerta tras de mi.

Fuese cual fuese la vida que hubiera tenido anteriormente, la familia o hermanos, ellos ahora no eran mas que presas para ella, ella había dejado atrás todo hasta su antiguo apellido ahora ella esa Sophia Sheridan, ella era de mi familia, ella era una vampiresa.

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